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Jane Schoenbrun: El género de Terror y el Terror del Género en la Era Digital

Foto del escritor: Pablo T. Moreno
Pablo T. Moreno
9 sept
3 min de lectura

El pasado 13 de agosto se estrenó en México la nueva película de Jane Schoenbrun: Adolescencia, Sexo, y Muerte en Campamento Miasma. Con esta, la tercera entrada a su filmografía, Schoenbrun refuerza su fascinación con examinar la manera en que la ficción moldea lo real. Se trata de un universo cinematográfico en el que, el cine de horror se vuelve un espacio comunitario y un modo de comprender tanto el mundo que nos rodea como nuestro mundo interno.


Sin embargo, no es la primera vez que Schoenbrun se sumerge en una exploración sobre el horror como género colectivo, los fandoms y la identidad. Mucho antes de ser une directore galardonade en festivales, antes de Campamento Miasma, e incluso antes de que su primera película fuese proyectada en una sala de cine, Schoenbrun publicó en Youtube  Una Alucinación Auto Inducida: Una película hecha únicamente con material disponible en esta plataforma sobre la autoría descentralizada y colectiva de Slenderman; Creepy Pasta icónico de los dosmildieces.

¿Qué pasa cuando lo colectivamente ficticio empieza a afectar la realidad? 


Una Alucinación Auto Inducida gira en torno al internet construyendo una historia de terror colectiva que terminaría con dos adolescentes apuñalando a un compañero de clase en medio del bosque en 2014.


El fenómeno central del documental: Slenderman, es un “ente” folclórico de la era digital. A diferencia de otros “monstruos” como La Llorona, los vampiros, o Pie Grande, podemos datar con precisión el momento en que “nace” esta criatura gracias a su huella digital.

En 2009, el foro popular Something Awful Forums lanza un concurso de Photoshop llamando a los usuarios a subir su mejor imagen espeluznante de una criatura sobrenatural.

Slenderman nace primero como una imagen. No inicia teniendo la elaborada mitología que después desarrollaría. Inicia con la imagen compartida por un usuario, y poco a poco de distintos rincones de internet, irían surgiendo historias, teorías, videojuegos, y reinterpretaciones creadas por los mismos que las consumían.


Este canon colectivo no pudo haberse dado de la manera en que lo hizo sin el internet. En su tesis de maestría para la Universidad de Manitoba, Alexandra J. Moreau lo llama “El mejor ejemplo de folclor digital intencionalmente creado”. Lo que a La llorona o a las historias de vampiros les tomó siglos de tradición, fue acelerado y visibilizado gracias a la interconectividad del siglo veintiuno.


¿Quién alucina? ¿El Internet? ¿El espectador? ¿Schoenbrun?

Con Una Alucinación Auto Inducida, Schoenbrun se coloca en un contexto digital para examinar cómo la cultura es un proceso de creación colectiva de narrativas que, a pesar de ser ficticias, repercuten en la realidad afectando el mundo y nuestras identidades.


Queda claro que, desde el inicio de su trayectoria fílmica, Schoenbrun constantemente desafía la realidad que damos por hecho como “predeterminada” a través de ficciones que resultan ser más reales de lo que alguna vez supusimos.


Una Alucinación Auto Inducida se pregunta si una creación del imaginario colectivo puede ser tan potente que termina manifestándose en la realidad.

We’re All Going to The World’s Fair, su primera película gira en torno a cómo aquello que actuamos y consideramos un juego llega a transformarnos realmente.

I Saw the TV Glow plantea qué pasa cuando el mundo de ficción en el que me refugio resulta más real que la identidad que he adoptado “allá afuera”.


Adolescencia, Sexo, y Muerte en Campamento Miasma nos dice: Conócete a ti

misme: eres las historias que consumes. Lo ficticio moldea y descubre lo real.


Todas estas problemáticas son las de un cine propio del siglo veintiuno. Un cine de la era digital dónde la meta-textualidad, la interconexión, y la colectividad son el pan de cada día.  

Los espacios digitales en el cine de schoenbrun existen porque ofrecen a sus personajes acceso a algo que no pueden nombrar en “el mundo real”, pero que desean: Son espacios de riesgo, pero reconfortantes y “seguros”, que nos aíslan y nos conectan al mismo tiempo. 

Son performativos, aunque en esas actuaciones revelamos quienes somo, espacios desconocidos y aterradores pero liberadores para nuestro “verdadero yo”.


Nuestras identidades son sólo historias que comienzan como posibilidades, y una vez que las expresamos en colectivo, adquieren un sentido a través de la repetición hasta eventualmente volverse materialmente consecuentes en lo que la sociedad designa como “real”.


¡No te pierdas Adolescencia, Sexo, y Muerte en Campamento Miasma en salas de cine!, y mientras esperas tu función, sumérgete en las aguas de la construcción de narrativas digitales con Una Alucinación Auto Inducida.



 
 
 

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