top of page

Acceder y comprender

  • Foto del escritor: Antonio Tenorio
    Antonio Tenorio
  • 3 ago
  • 3 min de lectura


La brecha se acorta pero se ahonda. Las distancias reducen; al mismo tiempo, no obstante, las diferencias tienden a volverse más profundas.


Los datos más recientes están ahí. Una primera lectura podría con facilidad llamar a echar las campanas al vuelo. Veamos.


De acuerdo con el cuadro comparativo que la organización México Evalúa ha publicado a partir de la Encuesta Nacional realizada por el INEGI sobre Uso de las Tecnologías de la información (Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025), hay prácticamente 30 puntos porcentuales de incremento por lo que toca a personas mexicanas que usan internet en la actualidad, 86.1%, en relación con el 57.4% que lo hacía hace diez años.


El optimismo podría volcarse con mayor fuerza si a esta medición se le añaden otras más específicas por segmento de edad. De 6a 14 años, 22 puntos de incremento mientras que entre quienes tienen de 25 a 44 años el crecimiento va de 56.3% a 94.3%; impresionante, sí.


Una segunda lectura, menos rauda que la anterior, comienza a arrojar elementos preocupantes.

No se trata simplemente de hacer notar que los segmentos de edad no están creciendo a la misma velocidad. Eso se da por descontado, en el entendido de que las dinámicas culturales de cada generación se van modificando con el paso del tiempo.


Mas, aun cuando resulta positivamente llamativo que mientras solo el 11.2% de la franja entre 65 y 74 usaban internet en 2015 y ahora alcanzan a ser más del 57%, o que en la franja de mayor, quien tiene mas de 75 registraba un raquítico 3% una década atrás y hoy casi uno de cada tres, el 30%, puede conectarse, el hecho de que el 70% de esos adultos mayores permanezca al margen de internet, resulta más que preocupante y un urgente llamado a la acción.


Lo que salta a la vista, en cambio, y no hay que ser un analista de datos muy agudo para notarlo, es que un porcentaje demasiado alto aun de las personas mayores sigue estando fuera del acceso y uso cotidiano a Internet. Las consecuencias son múltiples. Van desde expresiones de remarginalización hasta convertir a las personas de edad avanzada en las víctimas favoritas de toda clase de engaños y delitos cibernéticos. A la consabida discriminación por edad, que se ve reflejada en la forma en que a las personas de más de 65 años se les ve como una carga, se suma quedarse fuera de la principal herramienta de sobrevivencia operacional de este tiempo: Internet.


Atender esta expresión de inequidad social No implica, sin embargo, en su parte esencial, resolver el acceso cono una cuestión meramente tecnológica. No se trata solo de que las personas mayores "tengan" Internet. Ni siquiera será suficiente que además de tenerlo "aprendan" a usarlo.

Lo que está en juego, si es que se quiere entrar en el terreno de una verdadera integración social, es que además de "tenerlo" y de "aprender" a usarlo, este amplio segmento de la población se allegue una comprensión suficiente sobre qué cambió.


La alfabetización digital tiene su base en la idea de que al acceso y a las habilidades de uso de la tecnología, hay que sumar como componente esencial la compresión sobre cómo, a partir de lo digital, vivimos una nueva era. Lo que significa que las ideas, representaciones, prácticas y maneras en que el mundo se conforma no corresponde más a aquel universo de referencias con las que las personas mayores de 65 años crecieron e hicieron suyas.


La pregunta clave, tal cual asume esta nueva era AlfabetizaDigital es: ¿qué cambió? Ciertamente los aparatos, las máquinas, como decimos siempre. Pero más allá de esa obviedad, lo que se transformó de modo radical es la manera de comprender cómo nos relacionamos con las personas y las cosas del mundo. Cómo lo que fueron las nociones básicas de las personas mayores de 65 años han sido irremediablemente removidas.


Ahí radica la verdadera cuestión. Integrar no significa solo que sean más los que tengan acceso, sino que quienes lo tengan puedan comprender cabalmente el mundo al que están accediendo. Solo así podrán participar de la transformación de ese nuevo mundo para bien de lo humano. Esa es la tarea. La única manera de que la brecha no solo se acorte sino también se angoste, acercándonos unos a otros.

 
 
 

Comentarios


© 2024 by AlfabetizaDigital A.C

bottom of page